11. jun., 2019

La responsabilidad en los DDHH

Hernan Ciprian Nieves: Profesional en Derecho con especializacion en Penal y docencia universitaria. Candidato a Magister en Derecho, Director Académico de la Escuela Superior de las Américas, Seleccionado como el mejor Consul de Derechos Humanos en el año 2015, labora actualmente como funcionario del INPEC(Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario de Colombia) donde lleva mas de 15 años de experiencia destacándose nacional e internacionalmente como defensor de los Derechos Humanos, allí es formador de lideres y veedores de DDHH al interior del sistema penitenciario,a la vez ejerce como director de Cátedra de la Escuela de Diplomados Albert Alstrom, es miembro activo del Observatorio de Derechos Humanos del Senado de la Republica y Gestor de Paz y solucion de conflictos de la Oficina Interamericana para la Paz 

___________________________________

Los Derechos humanos implican una doble vía. No se puede desconocer, que como principios generales de convivencia, los Derechos Humanos también tiene un componente de responsabilidad tanto para el estado como para las personas que pretenden hacerlos valer.

 Desafortunadamente, en el ejercicio de la ciudadanía, se ha visto con demasiada frecuencia que se acude a invocar a los Derechos Humanos como justificación para torpedear, bloquear e incluso enfrenta la ley y la autoridad. Pero olvidamos, que mis derechos terminan justamente, donde comienzan los de los demás. Las normas, nacidas del pacto social, aunque deben garantizar el respeto a la dignidad humana y a los derechos que le asiste a toda persona por el mero hecho de existir, son también de obligatorio cumplimiento. Debemos recordar la doctrina Paulina cuando afirma que “la ley no se hizo para los ciudadanos de bien, sino para aquellos que insisten en vulnerarla”.

 Pretender que los derechos Humanos sirvan de parapeto para la ilegalidad o la anarquía, contraviene el espíritu mismo de la norma, que nace de la necesidad de reglas orientadoras de la convivencia pacifica, incluyendo en esa perspectiva, a quienes consideremos, en determinado caso, nuestros adversarios.

 La definición de “enemigo”, no surge de la confrontación bélica, sino que al contrario, es la confrontación, la consecuencia de la identificación de potenciales, posibles o actuales “enemigos”. Y aun a ellos, les acude el respeto superior de su dignidad, que en últimas, termina siendo el punto clave compartido por todos los seres humanos de la tierra, mas allá de las diferencias políticas, éticas, morales, religiosas, étnicas o personales, todos somos seres humanos, y por ellos mismo sujetos de derechos.

 Aquí, entonces llamo a la reflexión frente a los Derechos humanos de los funcionarios encargados de hacer cumplir la ley. A pesar de considerárseles, en general, aparatos estatales encargados de reprimir lo que algunos de manera amorfa e indefinida llaman “pueblo”, la verdad es que, y ruego perdonen mi laxitud frente al concepto, que si ese “pueblo” ciertamente respetara las leyes, se condujera dentro de los parámetros del respeto y expresara su inconformidad mediante los recursos civiles, las acciones legales e incluso la protesta pacífica, no ser´9an objeto de la “represión” del gobierno de turno.

 Si todos respetáramos todas las normas, simplemente no habría confrontación. ¿Para quién son las sanciones de tránsito? Para el infractor de las normas. ¿Para quién fueron creados los códigos penales? Para el infractor de la norma. Entonces, no podemos esperar una actitud garantista pro parte del Estado, cuando nuestras acciones vulneran los derechos del pacto social, contenido en las normas de convivencia, desde el Código de Policía, hasta la Constitución Nacional.

 Una sociedad que necesite, como al parecer lo requiere la nuestra, que sus legisladores emitan leyes que controlen hasta dónde se puede comprar una empanada, es una sociedad que requiere una urgente reingeniería moral, y una revisión de los principios educativos sobre la que se erige. La estrategia más sencilla es la crítica, la descalificación y la búsqueda de culpables, alternativas comunes en nuestras sociedades maquiavélicas. Por eso es necesario sentar una diferencia clara desde la visión neutral de los líderes sociales y los defensores de DDHH: Así como enseñamos los Derechos de las personas, debemos hacer énfasis en la Responsabilidad civil que estas adquieren frente al Estado que las acoge como parte activa de su contrato social.

fornacion@oippds.org